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Miguel de Cervantes cuenta su hallazgo

Hemos obtenido en exclusiva la opinión del manco de Lepanto sobre su propio hallazgo, el cual reproducimos a continuación:

"Sin juramento me podrás creer, desocupado lector, que este que tiene ante vuesa merced es el primer sorprendido de su propio descubrimiento. Bien sabe el cielo que me gustaría comparecer en más airosa manera que bajo la apariencia de "reducción de esquirlas óseas" con que han tenido a bien presentarme mis temerarios indagadores, pero cada cual es hijo del tiempo y a tal desmejoramiento me veo reducido.

Ni el riguroso trance en que se halla España -que algunos llaman crisis y otros recuperación-, ni el escaso contento que a mi modestia concede tan desaforada atención me privarán de tomar una vez más la pluma para dar mi opinión sobre el asunto, que con no ser tan premioso como las malhadadas economías digo yo que algún interés reviste, siendo el muerto quien opina y siendo España quien a menudo no atiende.

Me encuentro convertido en motivo de disputa entre quienes acusan de necrófilo el intento de ubicarme, quienes sospechan engaños y afeites para lustre de poderosos y quienes advierten tan solo una porfía mercantil emboscada de cultura. No veo en cambio a mis sedicentes lectores alegrándose del hallazgo, que para tal cortedad de júbilo habría preferido que nadie me moviera de mi sitio. No se me oculta que es patrimonio de nuestra triste raza -acaso ya decadente cuando entre hermanas trinitarias dispuse mi enterramiento- el discutirlo todo y debatirlo todo y no hallar paz en escrutinio ninguno, donoso las menos veces, así en banalidades deportivas como en urgencias que debieran serlo de Estado. Pero paisanos, por Dios y su Madre Santa, ¿es que nadie va a celebrar la sede de mi destino? ¿Es que nunca se ha de coincidir para el legítimo festejo en este pobre país donde toda suspicacia tiene su asiento y todo negro augurio hace su habitación?

Yo, señores, llevo reposando cuatro siglos entre los húmedos muros de una cripta más negra que cueva de Polifemo, sin que a propios ni extranjeros se les diese un ardite de mi ubicación ni un doblón cayera al cepillo en recordación de mi ánima. No reclamo funerales de Estado, ni desagravios que la ignorancia no puede hacer honestos, y como mucho un túmulo discreto desde donde recibir a esos niños escolares que un día serán bachilleres y que algunas mañanas acuden a mi barrio, pastoreados por sus 'erasmos', a fin de distraerme del tedio de la eternidad. Que la inmortalidad es condición mucho menos provechosa de lo que se figura el vulgo.

Del cercano mentidero de artistas me llega también el cúmulo de fabulosos disparates y majaderías que en esta villa difunden los gobernantes y quienes ansían gobernarla, y es un síndrome que se conoce llaman campaña electoral. Por esto me vengo en conocimiento de que dirige España un caballero gallego de discreta facha, amigo de intrincar y oscurecer sus oraciones y conceptos, razones de la sinrazón que a su razón se hace a propósito de la falta de trabajo, que en mi época no se medía por otro rasero que la guadaña de la Parca o la mendicidad sin cuento. De modo y manera que se vive una postración enojosa de la que me hago cargo: ¿pero es razón para politizar hasta el inventario de mi maltrecha osamenta?

De otros nombres no quiero acordarme. Pluguiese a Dios que la ocasión sirva a los entendimientos serenos para reencontrarse con mi Galatea, mi Persiles y mi Alonso Quijano el Bueno, que mientan más que leen, y vayan en hora mala los follones y bellacos que no tienen descanso porque no pueden hallarlo sus mentes más agusanadas que mis huesos".

Jorge Bustos

Publicado en elmundo.es